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La vaca Campanera | Por: Abner Tomas Viera

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La Vaca Campanera | Por: Abner  Tomas Viera(Anécdota)

El silencio de la noche se shiquina como nube por el viento. Los fuertes tañidos de campana de la iglesia del patrón; golpean sobre aquel ambiente agostero y adormilado bajo el aroma de los rastrojos.

La claridad de la luna llena, llushpe las sombras hasta de los panqueros y apenas una prieta silueta se ve debajo de los árboles. La pequeña plazoleta es espulgada sus pocos pikullos por algunos animales que buscan algo de comer.

De los tiernos retoños de las pencas solamente quedan los tumpos a ras del suelo y, de las turupas, ya no queda casi nada, solamente shumpas que amontona el viento en la culata de las chacras.

En el tambo donde duermen los pongos o peones, es un ronquerío brutal como de motores sin tubo de escape, donde se mezclan los olores más extraños de sudor, coca, cigarro de huajanco, y chicha o de alguno que pudo comprar su cuarto de aguardiente. Casi nadie escucha el sonido de las campanas, duermen adormecidos, por el cansancio y el dolor del fuete; ese fuete que hace malvado y poderoso al capataz, un indio sobón y miserable que se arrastra bajo las botas del patrón; ese fuete, que no sabe ver el cansancio del cholo, ese fuete que se desliza sobre los hombros de un joven o anciano, para hacer producir las tierras a costa del sudor de la peonada, a cambio de un mate de cancha o una tutuma de chicha; ese fuete que abre surcos en las huashas de los jóvenes cuando quieren salir al pueblo de Taurija a querer aprender a leer y escribir; ese fuete que lleva la guadaña de la muerte, cuando el patrón descarga su furia sobre el primer pongo que se cruce en ese momento, tan sólo porque no llovió o porque se perdió algún animal; ese fuete que se enloda de sangre y polvo. Zacarias, lo llamábamos, Shaca, un cholito de apenas catorce años dormía junto a Shentao, su padre, que así se llamaba, al oír el sonido del campanario, trató de shucupar su cabeza con el poncho shillpe shillpe de su papá, porque pensaba que sería el ranty o el jupay que anuncia la muerte de alguna persona. Susurró un medio Padrenuestro, porque no sabía rezar completo, dio un tipishón, a su padre que roncaba, éste se despertó, a medias y Shaca aprovechó para decirle: “Taita, rrecuérrdate y, iscucha están tucando la campana, ranty creo es, di miedo ya casi me meyo”.

Shentao, se levantó y salió del tambo, afuera los perros del hacendado ladraban incansables. “Shuti… pirrus… shutiiii… ¡amachay caraju…!.
Luego les llamó: “chichico, chichico, tooo…”. Y se acercó hasta las puertas del cuarto del capataz, para decirle que están sonando las campanas.

Entre los dos fueron a dar aviso al hacendado que de seguro dormía plácidamente después de haber consumado su abuso sexual con la Shoga, una hermosa adolescente que mandó traer atada para su festín animalesco. Tocaron su puerta y nadie respondía, se miraron y sin mediar palabra empujaron la puerta con todas sus fuerzas. El patrón yacía en el piso, botando espuma por la boca, con los ojos abiertos como si alguien lo hubiese estrangulado. Llamaron a la peonada y mandaron que venga ña Ubaldera, la curandera del pueblo. La campana seguía sonando por momentos como algo fúnebre y mortal. Se asomaron con temor por el balcón del patrón ya que allí solamente el hacendado y sus invitados especiales podían estar y contemplar desde ahí la danza de las mojigangas para la fiesta. Y lo que vieron les dejó paralizados y con los pelos de punta.

Había junto a la puerta de la iglesia un espectro blanco, que hacía reverencias y cada vez que bajaba la cabeza sonaba la campana. Retrocedieron como pudieron, la lengua se les había hecho una collota, no podían hablar, abrieron la puerta grande de la hacienda y salieron los perros despavoridos y decididos a atacar al bulto blanco, que tocaba la campana…

Era una vaca que estaba comiendo el cáñamo del badajo y cada vez que se acortaba la vaca alzaba más la cabeza y al dar el tirón sonaba la campana.

El hacendado había escuchado esos tañidos y al asomarse por su balcón vio al bulto blanco entre las sombras de la iglesia, que daba reverencias y el campanario vibraba como anunciando la muerte, cayó desvanecido, y tuvieron que sobarle con cuy negro y cebo de culebra cintahuaraca. Y quedó para siempre con la boca huishta, por el medio infarto que sufrió.

Es la anécdota que pasó en mi pueblo y que contaba mi padre Exshe en los velorios y por sus historias lo llamaban: “Ñu Exshe, el Cuentón”

ABNER VIERA QUEZADA
_El Poeta de Los Versos Shajpis.

GLOSARIO:
SHIQUINA.- Derrama. Desparrama.
LLUSHPE.- Lame. Lambe.
PANQUEROS.- Plantas donde se guarda la panca o chala. Panca o chala, restos de la planta del maíz que se guarda y sirve como pienso para los animales.
PIKULLOS.- Especie de gras silvestre, muy resistente a la sequía.
TUMPOS.- Todo tipo de tronco a ras de la tierra. Restos de la planta del maíz que queda en las chacras.
TURUPAS.- Cañas secas del maíz. Rastrojos.
SHUMPAS.- Todos los restos de pajas, yerbas secas y todos los restos de pequeños arbustos.
HUAJANCO.- Especie de tabaco silvestre, propio de los andes, muy amargo y de penetrante sabor.
HUASHAS.- Espaldas.
SHUCUPAR.- Cubrir la cabeza con algo. Taparse la cara, con la lliclla o el poncho.
SHILLPE SHILLPE.- Poncho en hilachas. Ropa vieja.
RANTY O JUPAY.- Alma en pena. Fantasma.
TIPISHÓN.- Causar [una cosa] una herida al atrapar y apretar durante un instante y con fuerza la piel o la carne de una persona. Pellizcar.
SHUTI.- Manera de reñir al perro.
¡AMACHAY!.- Exclamación de miedo o asombro.
CHICHICO, TOO.- Manera de llamar a los perros con afecto.
COLLOTA.- Piedra redonda de los ríos. Dícese cuando la persona se queda paralizada de miedo sin poder articular palabra.
CULEBRA CINTAHUARACA.- Serpiente ciega y de muchos colores casi fosforescentes, muy venenosa, su grasa se utiliza para curar dislocaduras y roturas de huesos.
HUISHTA.- Torcida. Chueca.
ÑU EXSHE, EL CUENTÓN.- Conocido por sus historias y anécdotas de las personas importantes, sobre todo de hacendados, curas, gobernadores, alcaldes y otras personalidades.

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